12.12.2006

Los culpables

Mireya Tabuas


Probablemente todo sea culpa de mi mamá, Trina, que me contaba cuentos inventados. Quizás lo único que he hecho toda mi vida es plagiarla. Quizás también es su culpa, por llevarme a los cementerios, por hablarme de la muerte tan cerquita, por ser una vasca que vivió la guerra civil –que la sufrió- y que creía en José Gregorio Hernández, por llevarme a Macuto todos los sábados y dejarme el mar para mí sola, sin miedo.

Probablemente sea culpa de mi papá, León Arturo, porque en todos sus cuentos yo era la protagonista, yo la reina, yo la durmiente, yo la príncipa valiente. Porque auguró un gran futuro para su niña nacida a sus 64 años. Quizás es su culpa por leer el periódico en mi casa todos los domingos mientras yo le pulía sus zapatos o le hacía arepas fritas de cualquier forma que no fuera redonda. Tal vez es el responsable por haberme regalado –por dos domingos consecutivos- los tomos II y III de El Idiota, sin haberme traído nunca el primer tomo. A lo mejor, es su culpa por hablarme todos los domingos de la muerte, para acostumbrarme a su avanzada edad. Quizás es su culpa, por morir, como presagió siempre, un día domingo, antes de venir a verme.

Probablemente es la culpa del espejo del escaparate del apartamentico de 27 metros cuadrados en el que vivía con mi mamá en Chacao. Allí nacían fantasmas, amigos imaginarios que me acompañaron en mis juegos y me asaltaron años después en letras.

Probablemente sea culpa de las primeras lecturas. De los cuentos de calleja, esos libros chiquiticos y maravillosos, con dibujos amarillentos y letras grises. Cuentos de ratones, de hadas, de cisnes y pastoras y princesas. O de Perdidos en el Espacio, mi programa de televisión favorito. O de los libros de los Cinco de Enid Blyton, que me hicieron cortarme el pelo, disimular feminidad, transformarme en varón y hacerme llamar Jorge, como la protagonista. Quizás allí nació mi propia escritura. Empezó con los diarios, a los 9 o 10 años, esos diarios donde contaba que no podía ser más varón artificial porque me gustaban los niños. Luego vino la ficción. No sé qué edad tendría, 11 o 12 años, cuando hice una novela que nunca terminé. Toda la aventura transcurría en un crucero, aunque yo no había ido a un crucero nunca. Quizás por esa época dije: cuando sea grande quiero ser escritora (y bióloga marina, y directora de cine, y actriz, y arqueóloga y todo eso –por eso quizás escritora, para ser todo eso-).

Probablemente la culpa sea de la menstruación tardía, no es fácil ser aún una niñita en segundo año de bachillerato, en un salón que rebasada copas 36.B.

Probablemente la culpa sea de Doreen, mi mejor amiga del colegio, que se inventaba cuentos de trillizas y me pedía adivinar a diario, cual de las tres hermanas era. O de mi amiga de la playa, Rebeca, que me animó a ponerme algodones en la parte de arriba del bikini para exhibir senos que por supuesto se desinflaron a la primera zambullida. O de mi ahijada, Anita, que me transformó en su particular Mary Poppins. O del primer novio, el primer beso nervioso en el patio del Centro Plaza.

Probablemente sea la culpa de María del Rosario, la profesora de Castellano de segundo año del colegio Emil Friedman, que nos enamoró a todos con Piedra de Mar, de Francisco Massiani. Allí también empezaron las primeras obras de teatro, los recitales, el Centro de Ciencias. Quizás es culpa de mis amigos del Centro de Ciencias –sobre todo de Francisco y de Alejandro-, artistas y científicos a la vez.

Probablemente haya sido la Universidad Central de Venezuela, las primeras prácticas de Castellano, ese muchacho que escribía tan bien; quizás la escuela de teatro, el mundo del arte dramático, mis primeras obras escritas, la primera premiada. O el taller de narrativa con Eduardo Liendo. Mi adoración por Julio Cortázar, por Jorge Luis Borges, por gran parte de la literatura latinoamericana. La pasión por el cine, tantas películas vistas y olvidadas, pero allí puestas, en alguna gaveta del inconsciente. Y también pueden ser culpables Serrat y Sabina, cada cual protagonizando una etapa musical de mi vida. Y tanto llorar, y tanto reírme y tanto inventar vainas.

Probablemente hayan sido culpables las primeras publicaciones. Y mi empeño en mantener mi novela inédita por años.

Probablemente haya sido culpable el periodismo. La vida allí tan cerca de mí para contarla. Las historias, la gente, más inverosímil que la invención.

Probablemente haya sido culpable mi reconciliación con la literatura venezolana.

Probablemente hayan sido culpables mis viajes por Venezuela y el exterior. Los viajes sola, los viajes acompañada. Especialmente el viaje a España. El reencuentro con todo lo que ha sellado mi madre. La marca de la sangre española -AB negativo-. Sus misterios.

Probablemente la culpa es de mis amigos, de mis amigas. De los que me ha dado la vida y de los que me ha dado la literatura también.

Probablemente sea culpa de mi timidez. De que nunca aprendí a bailar.

Probablemente la culpa es de mis monstruos, los de entonces, los de ahora, los de siempre.

Probablemente haya sido culpa de los amores, de los reales, de los ficticios, no sé cuáles más reales ni cuáles más ficticios. De los que se dieron y los que no se dieron. De los amores hermosos, de los terribles (qué peso tienen los amores terribles ¿no?). De los que se olvidaron, de los inolvidables, de los imposibles, de los que nacerán en algún momento. Quizás es culpa de Néstor, el hombre que compartió muchos años de mi vida y con quien tuve dos hijos, porque compartíamos también el arte, la reflexión y la palabra.

Probablemente la culpa es de mis hijos, mis amados hijos Alejandro y Mariana, que son mi verdadera (quizás única) obra.

Salvo mi responsabilidad

Todos ellos son los culpables, señor juez.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Probablemente sea ella la única culpable de que la querramos tanto.
Y la condenamos al cariño extremo, a las entregas y los cuentos, a ser la Juana de esta cruzada por la ternura.

1:28 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Dado su evidente interés por la literatura, me permito enviarle mi link, en el cual encontrará una novela publicada On Line. http://omarmesones.blogspot.com/

10:44 a. m.  

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